INTIMIDADES CULINARIAS
Atardecía en un septiembre no muy lejano. El calor abrazaba a la ciudad y un estado de sopor generalizado inundaba a todos. Refugiada en mi habitación, leía unas páginas de Borges cuando los ruidos externos lograron desconcentrarme de ese letargo post-laboral en el que estaba sumergida.
Salí con una sensación extraña, con un deseo incontrolable. La busqué; estaba en la cocina otra vez. Sabía que estaría esperando este momento tanto como yo. La tomé entre mis brazos y con mucho cuidado empecé a desvestirla. Mis manos la protegían y ella se dejaba llevar por mis movimientos, como resignada.
Nuestras miradas se cruzaban con timidez, aunque aquella no fuera la primera vez que lo hacíamos. Era nuestra costumbre casi diaria, ambas en silencio, sabíamos que a esta hora del día teníamos que encontrarnos otra vez. Mis dedos rozaban su piel, corriendome un escalofrío de placer por mi espalda, saboreando ese momento.
Nos volvimos a mirar, pero esta vez no pude soportar tanta emoción y sin poder evitarlo dejé escapar una gota salada de mis ojos desencajados. Ahí estaba, frente a mí, tan inmaculada, tan inocente con sus curvas al descubierto.
Movimientos bruscos nos dominaban, manos entrelazadas, más lágrimas que nos inundaban los ojos. Fundidas en tantos sentimientos fuimos una sola alma. Se mezclaron nuestras esencias, nuestras caricias, nuestra piel. La volví a mirar una vez más. Tal era su éxtasis que todo el escenario se tiñó de pasión. Disolviéndose en ese estado, así quedó ella, tendida en su colchón circular, sin palabras.. solo sudor, calor, agitación y el inconfundible perfume de su piel en la mía. Y así murió, inmersa en su pasión carmín...
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Nota del autor: Este relato fué veridico, me pasó hace un par de años atrás, pero escucho/leo interpretaciones varias... , están invitados a volar un rato. Quién es el primero? Próximamente la respuesta.
Escrito original: 16/04/04
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